Aunque es respetable la postura del profesor Camilo Jiménez (http://elojoenlapaja.blogspot.com/) , no la comparto.
En la Universidad Sergio Arboleda, en donde soy profesora de medio tiempo en el campo de la lectura y la escritura académica, me he dado cuenta de que no es posible cambiar mágicamente con un curso lo que han hecho 12 años de formación previa. Claramente, no se puede, no es posible. No es la misión de un profesor arreglar los problemas estructurales de todo un sistema educativo, pero sí es connatural a un profesor crear situaciones retadoras de aprendizaje.
La escritura no es una asunto fácil, es tan compleja como el pensamiento, pero es un instrumento de éste último. ¿Podríamos decir que si los estudiantes no escriben es que no piensan bien?. No. Si los estudiantes no escriben bien es porque no tienen desarrolladas competencias escriturales ni comunicativas.
Como profesor uno se ve en la tarea de enfrentarse a problemas que se salen de control. Uno de los problemas en la Sergio es que los estudiantes de primer semestre llegan con diferentes niveles de desarrollo de sus competencias. Pero claro! esto es lógico: vienen de diversos contextos educativos, diferentes familias, diferentes lógicas y currículos… no es posible tener un homogeneidad de grupos ingresando a la U. Por eso, nuestro trabajo consiste en identificar qué competencias escriturales alcanzan y quiénes. Luego, nos dedicamos todo el semestre a hacer un trabajo de acompañamiento individual desde el cual el estudiante puede – eventualmente, si quiere – mejorar y producir buenos textos. – no sólo párrafos -
Lo otro es la tecnología. En mi clase soy clara en que no pueden sacar sus BB – y soy asidua integradora de las TIC – pero es claro que ellos no las sacan para buscan una referencia o el significado de una palabra, o consultar errores de construcción o escribir un párrafo. No.! Ellos chatean. Para mí lo que es claro es que no puedo pelear contra ese movimiento, son más los nomofóbicos hoy, así que es inútil. Pero lo que sí puedo hacer es tener unas normas claras en mi clase: cuándo usar y cuándo no, tecnología; cómo y para qué usarla. Mientras tenga eso claro estoy salvada…y de paso ellos.
Mis estudiantes saben eso. Han usado Cmap Tools para producir sus mapas conceptuales, han participado en foros virtuales y este semestre que viene incursionaré en Twitter con intención educativa. No soy nativa digital, pero necesito ser una profesora “actual”. Además aplico el enfoque de la escritura como proceso, en donde valoro sin duda, el proceso de desarrollo de competencias escritural más allá que el producto en sí mismo. Quizás para un estudiante su gran logro sea escribir un ensayo, pero para otro quizás sea escribir un párrafo.
Muchos estudiantes prestan atención y siguen mis consejos, un primer paso siempre es conversar con ellos acerca de su futuro y de las formas como la sociedad nos exige escribir. Lo más interesante es que mis estudiantes no son de comunicación social ni periodismo. Son estudiantes de ingeniería, política, marketing, derecho…etc. Porque la escritura no es para unos pocos, es para todos. La escritura es disciplinar y transdisciplinar.
Por eso yo no renuncio. No es fácil, pero no renuncio.
Lorena